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En lo que a bicicleta se refiere, Francia tiene todavía un buen trecho por recorrer. Apenas el 3% de la población prioriza este medio de transporte para ir al trabajo, muy por detrás de países vecinos —y con climas igual o más duros que el galo— como Holanda, donde el 29% del transporte urbano es sobre dos ruedas a pedales, Alemania (10%) o Dinamarca, donde en ciudades como Copenhague el 50% de los trayectos de casa al trabajo se efectúan en bicicleta, según datos de la Federación Francesa de Usuarios de Bicicleta (FUB).

El objetivo declarado del Estado es lograr que, para 2024, la cifra de desplazamientos en bicicleta alcance el 9%, una meta modesta todavía en comparación con otros países (y por debajo de la media alcanzada ya por algunas ciudades galas como Estrasburgo, Grenoble o Burdeos, donde ya superan el 10%) pero, en términos generales, un aumento de siete puntos nada desdeñable.

Por eso, según ha declarado estos días el presidente de la FUB, Olivier Schneider, el plan del Gobierno, aunque mejorable, es una buena noticia. “No es ideal, pero es el más ambicioso que ha habido jamás en Francia. Y es el primero financiado por el Estado”, valoró en el diario Libération. También el Réseau Action Climat, una red de asociaciones que lucha contra el cambio climático, ha saludado la iniciativa, aunque considera que el presupuesto “no está a la altura de las ambiciones”.

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