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Las Reservas Naturales de la Sociedad Civil son una alternativa sostenible y rentable. Cualquier dueño de un predio, que quiera aportar a la conservación de la biodiversidad puede constituir una. Este es el caso del cantautor colombiano y otras personas que, como él, ya replican este modelo en diferentes regiones. El Cholo Valderrama siente un amor infinito que lo une a la tierra, un sentimiento heredado de sus ancestros y fortalecido por atardeceres anaranjados, jornadas de pastoreo al lomo de un caballo y animales que a su parecer son indiscutiblemente más bellos que los humanos, se convirtió en la principal motivación del Cholo Valerrama, uno de los máximos exponentes de la música llanera colombiana, para transformar su fundo -no es finca ni hato, advierte con tono estricto- en una Reserva Natural de la Sociedad Civil (RNSC).

El proceso para convertir su predio en una Reserva incluyó un análisis y clasificación de las especies animales y vegetales que allí habitan, objetivos de conservación claros y un plan de manejo para las casi 800 hectáreas que conforman Vida Tranquila, ese fundo de ensueño ubicado en el municipio de Pore, en el departamento de Casanare. “La naturaleza y los animales son el amor de mi vida, por eso el día en el que mis papás me preguntaron si quería estudiar algo les dije que quería ser llanero. Sin embargo, con el pasar del tiempo, he visto cómo frente al mal llamado desarrollo hemos perdido mucha fauna y flora de los Llanos”, dice con tono de indignación. También habla con la certeza de quien sabe que la destrucción de ecosistemas y la desaparición de especies (por cuenta de la explotación petrolera, la expansión de la frontera agrícola, entre otras razones) implican la pérdida de las fuentes de inspiración que él y muchos otros han usado para cantarle a la tierra.

“El sentimiento me lo da naturaleza. Si me voy a un potrero al atardecer y veo chigüiros, patos y garzas, eso me da tranquilidad y capacidad para componer. Las canciones no son mías, son del Llano, solo estoy ahí para escribirlas cuando él me las dicta”, cuenta, y confirma que al comprometerse con la declaración de su predio como Reserva, no tenía una pretensión distinta a mantenerlo como es: una isla de naturaleza en medio de tierras de producción intensa, en la que hay especies tan diversas que van desde las babillas, iguanas y tortugas, pasando por venados, cunaguaros y zorros, hasta 97 especies de aves.

La constitución de una RNSC también aporta a las metas de conservación definidas por el país en diferentes convenios nacionales e internacionales (como las metas AICHI, alineadas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible), y genera beneficios para quienes las establecen. Por ejemplo, mayor acceso a información y respaldo para el manejo y la planificación de sus predios, participación en iniciativas de cooperación para privados, exención o reducción del impuesto predial (depende de cada municipio si la otorga) y presencia en espacios técnicos, de capacitación y de toma de decisiones.

Tomado de: Diario El Espectador

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