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Esta imagen capturada en las selvas de Caquetá tiene una extensión similar a la de siete canchas de fútbol.

El final de la guerra con las Farc ha hecho que viejos problemas del país sean mucho más visibles, o incluso, se agraven. Es el caso de la deforestación, que el año pasado (en plena tregua con esa guerrilla) se incrementó un 44 por ciento frente al 2015 y arrasó con casi 180.000 hectáreas de bosques, una superficie en la que cabrían seis ciudades como Bogotá.

Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), Colombia tiene hoy siete grandes focos de destrucción forestal, en Chocó, Meta, Antioquia, Caquetá, Norte de Santander, Guaviare y Putumayo.

En esos territorios habitan 2.697 especies (503 animales y 2.194 vegetales). De ellas, 31 se encuentran en vías de extinción, 5 están en peligro crítico y 106 son endémicas, es decir, únicas en el mundo.

El 86 por ciento de estos focos de deforestación está ubicado, de acuerdo con estudios del Instituto Humboldt, en áreas identificadas por el Gobierno como prioritarias para el posconflicto.

José Miguel Orozco, experto en política ambiental y docente de la Facultad de Ingeniería Forestal de la Universidad Distrital, comenta que, si bien en las negociaciones de La Habana se pronosticó el incremento de la deforestación durante el posconflicto –fenómeno que se ha presentado en varios países que pasaron por procesos de paz–, las autoridades ambientales no estaban preparadas para afrontar las consecuencias de la desmovilización de una guerrilla tan grande sobre las áreas que controlaban.

Ahora, este ensañamiento con los bosques no es nuevo. En los últimos 25 años, los colombianos hemos arrasado casi seis millones de hectáreas de cobertura vegetal. Lo que sí ha cambiado es el ritmo, que en el 2016 alcanzó las 20,4 hectáreas por hora, el más acelerado del último lustro.

Fuente: Periódico El Tiempo

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