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En el firmamento se observan aves por miles cuando van en su trayectoria al sur. Hacen escalas en el territorio antioqueño para descansar y comer. FOTO SSTOCK

Casi todas han volado ya por acá, pero aún llegan otras a pasar el invierno en las cálidas regiones tropicales. La migración de aves está activa.

El pico, dice Ana María Castaño, directora ejecutiva de la Sociedad Antioqueña de Ornitología, termina hacia finales de octubre, pero algunas especies más siguen llegando.

El miércoles se reportó el paso de bandadas por Sabaneta desde Centroamérica, pues informaron que aún bajan algunas hacia el sur.

Esta semana se avistaron gavilanes de Swainson (Buteo swainsonii) y el milano boreal (Ictinia mississipiensis). Son más que todo rapaces las que siguen todavía transitando la región en su viaje boreal.

Tanto ese gavilán como el milano son de los que más recorrido hacen: llegan hasta Argentina.

La migración de aves, uno de los fenómenos llamativos de la naturaleza, aún no se entiende a plenitud por la ciencia. ¿Qué la activa? ¿Cómo comenzó? Y, tal vez lo más sorprendente, ¿cómo se orientan?

Diferencias

Castaño explica que ese fenómeno “se inicia con la llegada del otoño en el norte. Alrededor de agosto y septiembre empiezan a volar las aves hacia Centro y Suramérica. Cada grupo tiene estrategias migratorias diferentes y los tiempos de viaje van desde unos días o semanas hasta dos y tres meses. El pico de la migración es precisamente entre el 15 y 30 de octubre”.

Al Valle de Aburrá llegan, complementa, desde reinitas migratorias de la familia Parulidae, hasta insectívoros como los Contopus o pibis, aves rapaces como los gavilanes cuaresmeros y halcones como el peregrino.

“Otras que están llegando en grandes grupos son algunas gallinaciegas y golondrinas. Los pájaros que más se han destacado este año por el número de reportes que ha hecho la gente que ha encontrado animales agotados son los cucos americanos”.

¿Por qué?

El Cornell Lab of Ornithology explica que las aves migran de áreas con baja disponibilidad de recursos a donde existan más. En particular buscan alimento y lugares para anidar.

Se desplazan al sur donde encuentran una gran oferta de insectos, de brotes de plantas y muchos sitios para hacer sus nidos.

Hacia Centro y Suramérica vuelan alrededor de 350 especies de aves, de muy variados tamaños. No todas emprenden el viaje.

El laboratorio describe varias clases de conducta migratoria: hay especies que nunca lo hacen porque son capaces de encontrar el alimento que necesitan; otras se desplazan a muy cortas distancias; las hay que se mueven de las alturas a zonas bajas; aquellas que pasan sobre varios estados pero permanecen en el norte, viajeras de distancias medias; y las que sí emprenden vuelo al centro y sur de América.

Retornan

Ana María expresa que “las aves migratorias son, mayormente, fieles a los territorios de llegada. Si una se mueve por todo el continente expectante de encontrar un sitio de arribo y los bosques que conoce ya no están, tiene pocas esperanzas de sobrevivir pues no tiene energía suficiente para buscar un nuevo sitio”.

El Cornell Lab explica que en su primer año de edad hay aves que emprenden vuelo por su cuenta y al sitio que encuentran retornan en las siguientes temporadas. Las trayectorias que siguen se desvían muy poco.

Si quiere que siempre se observe el espectáculo que ofrecen las bandadas que pasan por Antioquia y el Aburrá, hay que ofrecerles lo que cada vez abunda menos: hábitats saludables para que encuentren el refugio que requieren y las acoja.

Tomado de: Periódico El Colombiano

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