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Esta práctica se ha convertido en una oportunidad para que las personas cultiven alimentos libres de químicos en sus propias casas.

“Bajos precios, productos más saludables, cuidado del medio ambiente, respeto por la vida, entre otros, son los beneficios de realizar agricultura urbana (AU)”, asegura Catalina Villamizar, quien realiza esta practica desde 2011.  Bogotá y Medellín se posicionan en la lista de la Universidad Nacional como las ciudades donde más realiza esta actividad. La implementación de huertas en las casas y en zonas específicas de los conjuntos residenciales creó lo que hoy se conoce como agricultura urbana. Término que se refiere “al cultivo de plantas y cría de animales en pequeñas superficies como huertos, solares, márgenes o terrazas, situadas dentro o alrededor de las ciudades, para consumo propio o venta en mercados locales”, asegura la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura.

Estas prácticas agrícolas no solo permiten que la personas siembren su propio alimento, sino que también tienen beneficios para la salud. “Lo sembrado se convertirá en productos libres de químicos y lo mejor, a muy bajo precio”, asegura la agricultora quien agrega que la creación de espacios verdes en la ciudad contribuye a la disminución del estrés en la personas.

Su idea la refuerza un estudio publicado en la revista Psychological Science, que asegura que los parques, jardines y espacios verdes en zonas urbanas ayudan a mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas.

Por otro lado, la agricultura urbana contribuye a la economía familiar. Si no se vende lo que se siembra, se consume. Por ende, o se recibe ganancias por la venta o se reducen los productos necesitados a la hora de mercar.

Un estudio realizado por el Instituto Para La Economía Social, IPES, evidenció las ganancias que se generan al cultivar en la casa. Una familia del sur de Bogotá gastaba semanalmente entre $5.000 y $12.000 en alimentos. Luego de la implementación de la huerta en su casa y de dar los primeros frutos, gastaban menos de $5.000.

El aspecto ambiental es el más beneficiado por la agricultura urbana. En casi todas las huertas hay plantas que no son para el consumo, existen las que ayudan a limpiar y recuperar el aire y suelo. “Con la agricultura urbana se crea conciencia ambiental, respeto y apego por la naturaleza. Además ayuda a replantearse el consumo, ¿cuáles son los artículos de primera necesidad? ¿cuáles son la verdaderas necesidades?”, cuestiona Villamizar.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, las huertas familiares viables mejoran la capacidad de los pequeños agricultores y de las comunidades a enfrentar los problemas interrelacionados de seguridad alimentaria, nutrición, salud y seguridad económica. Además, divide los efectos positivos de esta actividad en los siguentes:

*La generación de ingresos monetarios y de trabajo, debido a producción de los cultivos fuera de estación

*El mejoramiento de la seguridad alimentaria

*El aumento de la calidad alimetaria gracias a la mayor diversidad de la ingesta

*La disminución del riesgo debido a la mayor diversidad productiva

¿Qué se necesita para ser agricultor urbano?

Según Villamizar, se requiere amor por la tierra, la siembra, la semilla, y por nosotros mismos, querer cambiar los hábitos alimenticios. También, es necesario acudir a personas que orienten en temas de sustratos, semillas y contenedores.

¿Cómo se cultiva?

Lo primero que se necesita son ganas, seguido por agua, semillas y tierra. Después de esto, es necesario escoger el lugar, es decir, si se va a sembrar en el suelo, macetas colgantes, jardines, antejardines o parques. Según una investigación del Jardín Botanico de Bogotá, el espacio debe cumplir con condiciones de luminosidad, aireación, acceso al riego y facilidades para realizar las labores de mantenimiento y cosecha.

“Se puede sembrar en bolsillos de tela, en cajas de madera, camas de siembra. Otro aspecto es la compra de sustratos que se debe hacer en lugares especializados que garanticen la calidad del producto”, asegura Catalina. A la tierra escogida para la siembra se le puede agregar los residuos que quedan en la cocina como las cáscaras de las frutas, del plátano y de las verduras para que sirvan como abono. “Puedes recurrir a custodios (personas que cuidan de las semillas) para que te vendan las que están libres de químicos, semillas que son recuperadas de otras siembras, etc”

En Bogotá existen varios colectivos para recibir asesoría: la Huerta Rebelde, Terracita Orgánica, Doña Isabel Guevara y la Huerta Itinerante. La universidad del Rosario también brinda espacios para saber más del proceso de cultivo.

Colombia y la agricultura urbana

Aunque en Colombia no hay leyes que apoyen la agricultura urbana si se han creado programas y campañas que fomentan el uso del suelo para la siembra.

– ‘Ciudades Cultivando para el Futuro’ fue un programa realizado por el Instituto para la Economía Social (IPES) que impulsaba el cultivo en comunidad.

– En el Jardín Botánico de Antioquia se creó un programa de Agricultura Urbana adscrito al Área de Educación, “con el fin de fortalecer la construcción de relaciones respetuosas y sostenibles con la naturaleza a través de sistemas productivos”.

Los participantes desarrollan competencias para la optimización de residuos, la utilización del reciclaje, así como la producción y manejo de hortalizas, aromáticas y el cuidado de los recursos naturales.

 

 

 

 

Tomado de: Periódico El Espectador

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