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Es uno de los parques nacionales con más historia de África y con mayor diversidad biológica. Pasó por un estado de virtual aniquilación debido a la guerra civil de dieciséis años en la que una enorme franja de la vida salvaje en Gorongosa quedó destruida.

Gorongosa ha llamado la atención de científicos de todo el mundo porque ven la oportunidad de abordar las transformaciones ante lo que los investigadores llaman un paisaje de miedo.

La administración del parque, con el permiso del gobierno de Mozambique, ha decidido alentar y promover la ciencia de manera activa.

Los investigadores no se limitan a estudios que son solo observaciones de la vida salvaje. Pueden trabajar las condiciones de campo para cribar los estímulos del movimiento animal y las opciones de forrajeo. Pueden lanzar dardos sedantes a los animales para tomar muestras de sangre, medir sus signos vitales y después ponerles collares GPS.

Este es el único programa de biología de conservación en el país.

La locación de Mozambique en el extremo más meridional del Gran Valle del Rift de África,ha canalizado a lo largo de millones de años cantidades enormes de biodiversidad hacia la zona.

Sus elevaciones que van del nivel del mar a los 1800 metros, en la cima del monte Gorongosa, el parque es una mezcla grandiosa de casi todos los hábitats concebibles: bosque alpino, pradera montañosa, sabana boscosa, prados, bosque de matorrales y un poco de selva tropical.

En la década de 1980 comenzó la guerra civil por lo que el parque se cerró y las fuerzas rebeldes convirtieron a Gorongosa en un matadero.

Asesinaron a los elefantes para sacarles los colmillos. Cazaron ciervos, sables, ñus, cebras y otros grandes herbívoros para aprovechar su carne o como deporte. Mataron leones, leopardos y hienas para quitarlos del camino, y muchos animales simplemente murieron de hambre.

Cuando terminaron las batallas y la caza, a mediados de la década de 1990, el censo de grandes mamíferos se había reducido en un 95 por ciento y se encontraba en cantidades raquíticas: quince búfalos africanos, seis leones por allá, cinco cebras y una decena de hipopótamos y elefantes.

Entonces, el equipo comenzó con la repoblación de los herbívoros más grandes; importó doscientos búfalos y doscientos ñus de Sudáfrica. Las especies más pequeñas de antílopes del parque, con sus cuernos caligráficos y en espiral, pudieron alimentarse y reproducirse.

Comenzaron los esfuerzos de los investigadores para importar leopardos de otras partes de África, así que se mostraron emocionados cuando supieron que un leopardo macho adulto.

La cantidad de elefantes ya se encuentra casi en el nivel preguerra y abundan los antílopes acuáticos; hay muchos más que los que suelen verse en parques similares. Aunque las cebras no han terminado de recuperarse, ni los hipopótamos.

Los avances son esperanzadores. Es un ecosistema dinámico, y en recuperación.

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