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La actualización de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) evidenció una disminución dramática de especies como la ballena franca, que pasó a estar en “peligro crítico”. Según la evaluación, se estima que menos de 250 individuos maduros estaban vivos para finales de 2018, y que su población total ha disminuido cerca de un 15% desde 2011.

La ballena franca del Atlántico Norte es una de las ballenas grandes más amenazadas del mundo. Su desgracia ha sido histórica. Durante más de tres siglos, la sobreexplotación y la caza de la industria ballenera diezmó su población. Su forma de alimentarse (en la superficie del océano) y su movimiento lento las hizo siempre una especie fácil de cazar.

Aunque desde 1946 se firmó la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas y se creó la Comisión Ballenera Internacional, las ballenas francas han tenido que enfrentarse a nuevas amenazas: frecuentemente son golpeadas por hélices de embarcaciones y quedan enredadas fácilmente en los aparejos de pesca. Científicos y conservacionistas se habían puesto en la tarea de cuidarlas y recuperar la especie desde hace años, pero la Unión Nacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lanzó hace unos días el último llamado de alerta: están “a un paso de la extinción”.

En su actualización su Lista Roja, la UICN informó que la ballena franca del Atlántico Norte pasó de estar “en peligro” a “en peligro crítico”, la última categoría antes de que la especie se considere extinta en la naturaleza. Según el reporte, menos de 250 individuos maduros estaban vivos a finales de 2018 -incluidas 100 hembras reproductoras-, y la población total había disminuido cerca de un 15% desde el 2011.

Tomado de: Diario El Espectador

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