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El cielo se tiñe de color naranja, las nubes de humo sobrevuelan el Pacífico occidental y recorren unos 2.100 kilómetros, el hollín y las cenizas se posan sobre los glaciares y las capas de hielo, haciendo que se derritan aún más rápido; miles de ciudadanos se desplazan de sus casas debido a las llamas, ciudades enteras quedan en cenizas, se encuentran muertos abrasados por el calor en sus carros.

La lista que conforma esta postal del infierno en la tierra y que se ha vivido en los últimos días en al menos 12 estados de Estados Unidos continúa, y continuará a menos que se haga algo al respecto, pues cada año se bate el récord de temperatura en la tierra.

Estas tragedias no son algo nuevo. Sin embargo, la intensidad de cómo se viven son una evidencia de que las consecuencias del cambio climático cada vez serán más fuertes. Y literalmente están en las puertas de nuestras casas.

En este momento, se calcula que el 55 por ciento de la población mundial vive en ciudades, para el año 2050 será cerca del 80 por ciento. Ciudades que para ese entonces habrán experimentado cambios sorprendentes de sus condiciones climáticas: aproximadamente el 77 por ciento tendrá un clima distinto al que tiene en la actualidad, y un 22 por ciento se encontrará con condiciones que ni siquiera existen en este momento.

O por lo menos así lo señala una investigación de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich —universidad pública en Suiza pionera en investigaciones en Europa y en todo el mundo—, en la que se explica que los cambios serán dramáticos en las ciudades, especialmente en las de las latitudes del norte. En estas, para el 2050, el clima se asemejará al actual de las ciudades que se encuentran a más de 1.000 km al sur. Por ejemplo, en Europa las ciudades serán 3,5 °C más cálidas en verano y 4,7 °C en invierno. Eso significa que, por ejemplo, Londres se parecerá a la Barcelona de hoy, Moscú a la Sofía de hoy y Viena a la Estocolmo de hoy.

Por otro lado, las regiones tropicales experimentarán cambios más pequeños en la temperatura, pero cambios significativos en la precipitación, siendo los meses más húmedos un 5 por ciento más húmedos y los meses secos un 14 por ciento más secos. Es decir, en general, los trópicos se volverán más secos y las sequías serán más severas.

Tomado de: Diario El Espectador

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